Newsletter Nro. 1 – Chascomús & San Antonio de Areco

Escapadas en plan criollo  
A poco más de 100 km. de Capital, Chascomús y San Antonio de Areco reúnen todo lo que puede pedírsele a un lugar pensado para un viaje corto. Los mejores sitios para comer, descansar –si ese es plan– y un montón de historias para conocer.

Abrir el mapa (desplegarlo sobre la mesa o ponerlo en modo full screen si estamos en la computadora). Mirar con atención las rutas que lo cruzan en todos los sentidos. Entre ese sinfín de localidades que pueblan la provincia de Buenos Aires, hay un par de lugares que no podemos dejar pasar. Si contamos con pocos días para viajar, nada mejor que un destino cercano pero con lindos paisajes, recorridos interesantes, platos abundantes y un buen muestrario de lo mejor de nuestra cultura e historia, de la mano del folklore y el ritual del asado.

A no más de dos horas de viaje hacia el sur de la Capital Federal, aparece Chascomús; a esta altura, una de las ciudades más convocantes y preparadas para el mini-turismo en la región. En dirección contraria, 110 km. al noroeste del Obelisco, está San Antonio de Areco, con su tradicional espíritu gauchesco. Para todos aquellos que no las conocen, se trata de una visita casi obligada. Para los demás, nunca está mal revisitar un clásico. Los clásicos son tan nobles por algo: no fallan. Entonces a armar las valijas, cargar el auto y tomar nota de algunos de los lugares que no podemos dejar de conocer en estas dos ciudades.

Areco: encanto de antaño
“En las afueras del pueblo, a unas diez cuadras de la plaza céntrica, el puente viejo tiende su arco sobre el río, uniendo las quintas al campo tranquilo.” Las palabras con las que Ricardo Güiraldes, ciudadano ilustre de San Antonio de Areco, da comienzo a su máxima obra, Don Segundo Sombra, dejaron una marca no sólo en la literatura argentina, sino en el registro histórico del pueblo. Construido en 1857, el Puente Viejo que cruza el Río Areco es una de las marcas distintivas del lugar. Ese entrañable encanto colonial que se desprende de su arquitectura típica heredada de siglos pasados es el principal atributo de Areco y puede verse a simple vista al recorrer sus callecitas de adoquines.

El Museo gauchesco y parque criollo Ricardo Güiraldes (www.museoguiraldes.com.ar) reúne la vida y obra del autor, en un perfecto entorno campestre. Pese a que luego de la inundación que sufrió el pueblo en 2009, la casona principal se encuentre en refracción, en el mismo predio pueden visitarse su pulpería (La Blanqueada, declarada Monumento Histórico Nacional en 1999), el Cuarto de carruajes y una ermita colonial, que resguarda una imagen del santo patrono de Areco. Otra estancia relacionada es La Porteña (www.laporteniadeareco.com), aquella que inspiró el libro de Güiraldes. Construida en el siglo XIX y con un jardín diseñado por el paisajista francés Charles Thays, fue muchas veces considerada uno de los sitios preferidos para el turismo en la región.

Conocida como la “Cuna de la Tradición”, San Antonio de Areco es también sede de la Fiesta Gauchesca que se celebra cada noviembre, reuniendo jineteadas, asados, bailes y cantos típicos del folklore nacional. El arte criollo también tiene su espacio, en el Museo Las Lilas que exhibe una completa colección del artista Florencio Molina Campos (www.museolaslilas.org). Haciéndose eco de esto, locales de orfebres, artesanos y talabarteros aparecen multiplicados a lo largo de toda la ciudad. Se fusionan, así, las fachadas típicas de los boliches y restaurants antiguos, perfectos para detenerse a disfrutar de un rico asado o de las mejores pastas caseras, y seguir caminando para comprar artesanías, curtiembres y los mejores quesos y embutidos de campos vecinos.

Para aquellos que no quieran hacer del ocio sólo la comida y el descanso (aunque la siesta esté más que bien vista en el pueblo), una excelente forma para recorrer los distintos barrios y la costanera es en bicicleta. Sólo es cuestión de acercarse a la Dirección de Turismo, que ellos mismos las facilitan. Por otro lado, y a la vera del río también, es donde se reúnen cada día los locales a tomar mate, caminar y charlar. Y, claro, los fines de semana es el lugar más concurrido, donde se comparten asados y espectáculos de música y baile al aire libre.

Chascomús: atardeceres en la laguna
Si en verano Chascomús se ve revolucionada por todos los que se acercan a las aguas de su laguna –la más grande de la serie de las Encadenadas, siete en total– para tomar sol o practicar deportes náuticos como el esquí, kitesurf y canotaje, el resto del año es el momento ideal para recorrer la ciudad con calma y conocer a fondo su perfil cultural autóctono.

La idea es adentrarse desde la costanera hacia el centro histórico, con la Plaza Independencia como núcleo fundacional del pueblo. Desde allí pueden verse distintos edificios de gran importancia arquitectónica como, por ejemplo, la Catedral Nuestra Señora de la Merced; el Palacio Municipal, construido sobre las bases de un viejo fortín, luego cabildo, bajo las órdenes del destacado arquitecto Francisco Salamone; o la Casa de Casco, conocida por ser un escenario clave durante el enfrentamiento de los Libres del Sur contra el gobierno de Rosas hacia fines del siglo XIX. No puede dejarse de lado tampoco la Capilla de los negros, en la que se reunían los esclavos africanos durante la colonia, y en la que actualmente pueden verse el legado cultural de estas comunidades y su mixtura con la tradición criolla. Para investigar un poco más en estos registros, el Museo Pampeano exhibe desde piezas de hallazgos arqueológicos realizados en la zona del río Salado, hasta documentos, armas y objetos de valor de la época del virreinato.

Rodeada de excelentes campos, el turismo rural también es uno de los fuertes de Chascomús. El Camino de las Estancias propone un recorrido por una decena de estancias, que formaron parte de la expansión comandada por Juan de Garay, fundador de Buenos Aires, y que se potenció con la llegada de las vías del tren a mediados de 1800. En los distintos parajes (tales como la “Alameda”, alguna vez del Capitán Juan Gregorio Girado), los estancieros abren las puertas –las tranqueras, en realidad– para compartir con el público general paseos en carruaje, cabalgatas, avistaje de aves, entre otras actividades, y el broche de oro, de la mano de un gran asado de campo.

Si el clima acompaña, la mejor manera de terminar una jornada de paseos es contemplando el atardecer, mates mediante, desde la costanera. La caída del sol sobre la Laguna completa una panorámica entrañable y es la despedida perfecta luego de cada visita a Chascomús. visita a Chascomús.

Más información:
www.chascomus.gov.ar
www.sanantoniodeareco.tur.ar

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